Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936 – Lima, 2025) vivió media vida fuera del Perú, entre París, Londres, Barcelona y Madrid, y sin embargo casi todas sus grandes novelas ocurren dentro de él. Escribía de lejos, como quien necesita distancia para ver mejor, y de esa distancia salió un país hecho de ciudades, desiertos y selvas. Este es un recorrido breve por esos lugares.
Nació en Arequipa, pasó la infancia en Cochabamba (Bolivia) y volvió al Perú en la adolescencia, primero a Piura y después a Lima. Estudió en el Colegio Militar Leoncio Prado, trabajó muy joven como periodista y se formó en la Universidad de San Marcos. En 1959 se marchó a París con una beca y empezó a escribir las novelas que lo harían famoso. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2010 y, entre otras aventuras, se presentó a las elecciones presidenciales peruanas de 1990, que perdió frente a Alberto Fujimori.
Lima es el centro de su mapa. La ciudad y los perros (1963) nace de su paso por el Leoncio Prado: un internado militar donde los cadetes de todas las clases sociales del país se pelean, se humillan y se delatan. Es la novela que lo lanzó internacionalmente, y retrata una Lima jerárquica, violenta y llena de secretos.

Seis años después llegó Conversación en La Catedral (1969), quizá su obra más ambiciosa. Dos hombres charlan durante horas en un bar de mala muerte llamado La Catedral, y esa charla abre un retrato de la dictadura de Manuel Odría en los años cincuenta, con sus políticos, sus policías y sus periodistas. Y, en un tono muy distinto, La tía Julia y el escribidor (1977) recrea con humor la Lima de la radio, los radioteatros y los amores prohibidos, en parte basado en su primer matrimonio.
Muy cerca de esa Lima está también Los cachorros (1967), un relato corto ambientado en Miraflores, el barrio de clase media y alta donde creció su generación, sobre un niño del colegio al que un accidente cambia la vida.
Piura, al norte, es el otro gran escenario. Vargas Llosa vivió allí una temporada de su adolescencia y la convirtió en el lugar de La casa verde (1966): un burdel levantado en mitad del arenal que da nombre al libro y que organiza varias historias cruzadas. Es una novela fragmentaria, de saltos en el tiempo, que mezcla Piura con la selva y que le valió el Premio Rómulo Gallegos.
La otra mitad de La casa verde transcurre en la Amazonia, y ese mundo reaparece con mucho humor en Pantaleón y las visitadoras (1973). Un capitán del ejército, metódico y obediente, recibe el encargo de organizar un servicio de prostitutas para las guarniciones de la selva, con base en Iquitos. Es una sátira de la burocracia militar y también un retrato de una ciudad lejana y calurosa, a la que se llega por río o en avión.
Si quieres leer a Vargas Llosa con un mapa en la mano, empieza por Lima con La ciudad y los perros, sube hasta Piura con La casa verde y termina en Iquitos con Pantaleón y las visitadoras. Son tres paisajes muy distintos de un mismo país, y los tres caben en la misma biblioteca.
Imagen de cabecera: centro histórico de Lima, por Xiquinho Silva, vía Wikimedia Commons (CC BY 2.0).