Hay lugares que se conocen por sus playas, su luz y su comida, y también por lo que se cuenta de ellos en voz baja. El sur de Italia es uno de ellos. Detrás de las postales de Nápoles, de los pueblos de Sicilia y de los pasos de montaña de Calabria hay una historia de clanes, silencios y miedo que la literatura lleva décadas contando. Algunos libros lo hacen con la crudeza del reportaje, otros con la ironía de la novela negra y otros con la precisión de quien ha visto de cerca cómo funciona el poder. Estos cinco sirven para leer el sur de Italia por dentro, de la camorra de Campania a la ‘Ndrangheta calabresa y a la mafia siciliana.
Publicado en 2006, Gomorra es un libro difícil de clasificar: mezcla reportaje de investigación y literatura, y su subtítulo promete un «viaje al imperio económico y al sueño de dominio de la camorra». Saviano, nacido en Nápoles en 1979, tenía 26 años cuando lo publicó y lo escribió tras años de trabajo sobre el terreno. Recorre Nápoles, Casal di Principe, San Cipriano d’Aversa, Casapesenna, Mondragone, Giugliano o Scampia, y muestra cómo la camorra gobierna negocios, obras, residuos y barrios enteros con la lógica de una gran empresa.
Es también un libro que costó muy caro a su autor. Tras denunciar en público a los jefes del clan de los Casalesi en la plaza de Casal di Principe, Saviano recibió amenazas de muerte y vive desde octubre de 2006 bajo protección policial. En el libro aparece además la figura de don Giuseppe Diana, el párroco de Casal di Principe asesinado por la camorra en 1994, que había escrito que había llegado la hora de dejar de ser Gomorra. Según su editorial, el libro ha vendido más de diez millones de ejemplares y se ha llevado al cine y a la televisión. Nosotros tenemos ubicado Gomorra en Nápoles y en Casal di Principe.

Si Gomorra es el reportaje, La banda de los niños (2016 en Italia, 2017 en español) es la novela que Saviano escribió sobre los más jóvenes. Sigue a un grupo de adolescentes napolitanos, la paranza del título, una palabra del dialecto que alude a las barcas que pescan de noche atrayendo a los peces con focos. Al frente está Nicolas Fiorillo, apodado el Marajá, y el grupo usa las motos como los forajidos de las películas del Oeste usaban los caballos para moverse por el centro histórico.
Quieren una parte del negocio de la droga y de la extorsión, y aprovechan el vacío que dejan algunas familias para aliarse con un viejo jefe de clan. La novela, inspirada en hechos reales, cuenta cómo unos chicos de quince años pasan de molestar en el barrio a pelear por el poder, con la sensación de que la vida es corta y hay que gastarla rápido. Fue llevada al cine y presentada en la Berlinale.
En CeroCeroCero (2013) Saviano deja Nápoles y sigue el rastro de la cocaína por medio mundo. El título remite a la harina más refinada, que en Italia se clasifica con dos ceros; tres ceros serían el grado máximo de pureza. El libro parte de México para entender el negocio y recorre América, Europa y Australia, un continente que según el autor colonizó la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, con una estructura que repite allí donde echa raíces.
Es la parte más global de esta lista: Calabria aparece como el centro de una red que mueve cargamentos, blanquea dinero y compra influencia. Saviano defiende que ningún negocio da tanto rendimiento como la cocaína, y el libro, publicado en español por Anagrama, inspiró la serie ZeroZeroZero.
Para entender cómo se empezó a contar la mafia en la literatura hay que ir a Sicilia y a 1961. Leonardo Sciascia (Racalmuto, 1921-1989) publicó entonces El día de la lechuza, considerada la primera novela que habla de la mafia de forma explícita y la presenta como una organización socioeconómica dentro del Estado. En la plaza de un pequeño pueblo siciliano, un contratista, Salvatore Colasberna, es asesinado cuando va a subir al autobús que lleva a Palermo, y nadie ha visto nada.

El capitán de carabineros Bellodi investiga, pero el caso se cierra cuando se acusa a un inocente para evitar que se investigue lo que llamamos mafia. El libro causó un enorme revuelo porque políticos, eclesiásticos y empresarios sostenían entonces que la mafia era una invención de los comunistas. Años después, el fiscal Giovanni Falcone diría que aprendió a entender la mafia leyendo a Sciascia. Es una novela breve, seca y de una lucidez que no ha envejecido. Nosotros la tenemos ubicada en Sicilia.
Un siciliano de Porto Empedocle, a pocos kilómetros de Racalmuto, recogió el testigo desde otro lado. Andrea Camilleri publicó La forma del agua en 1994, a los casi setenta años, y con ella nació el comisario Salvo Montalbano. Su escenario es Vigàta, un pueblo imaginario de la costa siciliana donde la mafia y la corrupción política están a la orden del día y que se inspira en el Porto Empedocle natal del autor, que en 2003 añadió oficialmente Vigàta a su nombre.
En esta primera entrega, un personaje influyente aparece muerto en una zona frecuentada por prostitutas y traficantes, y Montalbano investiga mientras se ve presionado desde arriba para cerrar el caso. Camilleri, amigo de Sciascia, hizo de la novela negra una manera de contar la sociedad italiana con ironía, buena mesa y una justicia siempre imperfecta, y su comisario, que recibió el nombre en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán, tuvo una serie de televisión con Luca Zingaretti que se emitió entre 1999 y 2020.
Quien empiece de cero puede seguir un orden casi geográfico. Gomorra y La banda de los niños sirven para Nápoles y Campania; Cero cero cero para Calabria y el mundo de la cocaína; El día de la lechuza y La forma del agua para Sicilia, en una versión sombría y otra con sonrisa. Todos ellos, a su manera, hacen lo mismo: sacar a la luz algo que durante mucho tiempo se prefirió no mirar. Y recuerdan que, en el sur de Italia, contar una historia puede ser también un acto de valentía.